V Domingo del T. O. (C)
Domingo 9 de febrero de 2025
Lc 5,1-11
«Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro y echen sus redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, toda la noche hemos trabajado duro y no hemos pescado nada; pero en tu palabra echaré las redes.” Así lo hicieron y atraparon una gran cantidad de peces, de modo que sus redes comenzaron a romperse”.
(Lc 5,4-6)
Este es el famoso episodio del “duc in altum”, que tiene como protagonistas a Jesús y Simón Pedro. Pedro ha pescado toda la noche con sus hombres sin ningún resultado. Mientras lavaba las redes en la orilla del lago, ve a Jesús rodeado de la multitud, el mismo Jesús que tiempo antes había entrado en su casa en Cafarnaúm y había curado a su suegra. Pedro no se incómoda, continúa con su trabajo sin ocultar su decepción por el fracaso en la pesca. Jesús, para predicar “cómodamente” a la gente, sube a la barca de Pedro, se sienta y le pide que se aleje un poco de la orilla. No sabemos qué enseñó Jesús en aquel discurso, quizá un sermón motivacional para suscitar confianza en Dios y en el mismo Maestro; y como las palabras deben ser seguidas por acciones, Jesús concluye el sermón lanzando un desafío a Simón: toma y échenlas. Son dos imperativos, pero uno es singular y se dirige al jefe y otro es plural y se dirige a los demás pescadores. Pedro está llamado personalmente a afrontar este desafío, no puede delegar en nadie, la decisión es suya y de ella dependerá el resultado. La respuesta de Simón es emblemática, y hay una partícula adversativa que hace una gran diferencia: es cierto, el mandato de Jesús parece absurdo y sin sentido, PERO…
Va contra todas las reglas de pesca, PERO…
Jesús es hijo de un carpintero, no entiende nada de peces, PERO… «…pero en tu palabra echaré las redes.»
Este PERO es el fruto de la motivación que dio Jesús: ¡ten confianza!
El éxito de nuestra actividad no depende tanto de las circunstancias, sino de la presencia de Jesús en nuestra barca (familia, trabajo, ministerio…), de la escucha de su Palabra; en definitiva, de hacer lo mismo, pero en comunión con Aquel que hace la diferencia: Jesús.
¡Y seremos testigos del milagro!
p. Giuseppe